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12 febrero, 2011

Los Evangélicos de la Republica Dominicana tenemos que Hacer algo grande

Por: Tomás Gómez Bueno.- Los evangélicos de la República Dominicana necesitamos en este tiempo darle a nuestro país una gran demostración de unidad y sentido de misión. Nos hace falta un gran evento. No estoy hablando de una simple concentración o una campaña evangelística más. Estoy hablando de una manifestación contundente que hable de nuestra identidad esencial y que testifique con firmeza de nuestra misión como agente de transformación y promoción del Reino de Dios en este país.

Hay eventos que han marcado la historia de la misión de la iglesia en la República Dominicana. Nos remontamos a la memorable campaña de David García y Jaime Cardona en 1954 celebrada en el play de la Normal, a partir de la cual fue plantada la iglesia Asambleas de Dios de la Avenida Duarte, una emblemática referencia de nuestra ciudad.

Recordamos la campaña de Evangelismo a Fondo, un esfuerzo evangelístico que no ha sido emulado y que sirvió de bálsamo al ánimo de beligerancia y odio que dejó la guerra fratricida de abril del 1965. Esta campaña fue un refrigerio al trauma de posguerra que vivía la nación dominicana después de esta sangrienta revuelta. Muchos todavía ponderan y hablan con asombro de la extraordinaria campaña que diera Luis Urbaez en el mercado de Los Minas en 1975.

La campaña “Ya la encontré”, bajo la coordinación de Braulio Portes, en tiempo de apogeo de la Cruzada Estudiantil y Profesional para Cristo, ha sido otra de las jornadas importantes que se han desarrollado en el país. Esta novedosa campaña, montada sobre un jingle si ningún ribete religioso, puede señalarse como el primer esfuerzo intencional realizado en el país por alcanzar la clase media para Cristo.

Si evaluamos sus resultados podemos afirmar que fue una jornada exitosa.

Tenemos otros eventos, como el Cincuentenario del Pentecostés, una gran marcha celebrada en 1972 con la coordinación del evangelista Pablo Villanueva que impactó todo el centro de la capital dominicana. “Marvilla 76”, fue un gran evento artístico con la participación de los famosos salseros Richie Rey y Bobby Cruz, entre otros conocidos artistas que testimoniaron con su arte de su entrega al Señor. Estoy pensando en esos eventos que tuvieron impacto significativo para el pueblo evangélico y repercutieron a nivel de una parte considerable de la población dominicana.

Citamos entre estos grandes eventos la marcha del 16 de Agosto de 1991 que concluyó con una concentración en el Estadio Olímpico, lo que motivó e inspiró la fundación de la Confraternidad Dominicana de Unidad Evangelica (CODUE). No se puede olvidar una gran marcha concentración celebrada el sábado 10 de diciembre del 1988 en Santiago, donde también se leyó una histórica proclama y donde toda la región del Cibao fue estremecida por esta poderosa manifestación.

El Congreso Nacional de Pastores (CONPAS), celebrado anualmente en varias versiones a partir del 1990, fueron eventos que marcaron el desarrollo de la misión en Republica Dominicana. Todos estos eventos en un determinado momento le dieron un especial aliento al pueblo evangélico en su caminar y llamado a la misión en este país. Hay otros grandes eventos que quizás yo no recuerde y a lo mejor –si los recuerdo– no los evaluó como tan determinantes, sus coordinadores se encargaran de increparme por el olvido o por mi pobre sentido para calificarlos, pero esto es intrascendente.

Recodar estos eventos nos ayuda a ponderar la presencia e intervención de Dios en la realidad histórica de nuestra nación. Estos recuerdos nos conducen a pensar en el accionar de Dios a través de su iglesia para él cumplir, a través de su Jesucristo, su propósito de reconciliarnos con él.

Estamos hablando de un Dios que no opera en el vacío, de un Dios que no está aislado de la historia, sino que está presente en el día a día, y por diferentes vías nos está guiando a comprender el cuidado y el interés que él tiene individual y socialmente de nosotros, en este caso particular de la República Dominicana.

Nuestro Dios se revela en eventos liberadores que marcan hitos históricos. Los grandes eventos de Dios marcan la ruta de un proceso a través del cual él nos lleva al cumplimiento de su propósito en la construcción de su Reino. Pero los grandes eventos, me refiero a esos eventos especiales que inician procesos, necesitan la preparación en oración y la visión de nosotros los creyentes.

Y ahora, en este preciso momento, a la República Dominicana le hace falta un gran evento. Percibo que el Señor está haciendo grandes cosas desde la iglesia local. Que ante la inmadurez y la inconsistencia que con frecuencia muestra el liderazgo que hace vida más allá de las congregaciones, el Señor está operando de manera maravillosa desde las iglesias locales. Pero hay un impacto, una repercusión, un golpe de efecto que hay que darlo ante la opinión pública y las diferentes expresiones de poder que se manejan desde las diversas instancias de la nación.

Hace falta una vez más una demostración de que el Señor está presente en este momento de desmanes, de promoción de una cultura clientelista, de egocentrismos y promociones individualistas, de idolatrías y narcisismos, de drogas, prostitución, abuso infantil, sicariatos, corrupción pública y otros males. Urge que el pueblo de Dios en República Dominicana marque una vez más la historia de este país con una propuesta de nación que se sienta y estremezca toda la isla. No la media isla, sino toda la isla.

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