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08 febrero, 2013

Desde el Colmadón se promueve la violencia

Por: Tomás Gómez Bueno
rutacristiana@codetel.net.do

La violencia queremos explicárnosla en el acto, en la acción, en el suceso que se da y verificamos con palabras groseras, heridas, sangre y muerte. Pero la violencia, más que un hecho, es una actitud, un complejo componente cultural que tiene sus expresiones propias que la promueven y hasta pretenden justificarla.

La violencia ante todo es ostentación, es presunción, es gesto, es estilo y compostura, es histrionismo que provoca y determina quien definitivamente posee el poder y la fuerza para imponer su voluntad y lograr lo que quiere.

La tan repetida escena del vaquero que con su desparpajo característico empuja la portadilla de la cantina y camina con pasos que suenan contra el piso con notas del altanería e insolencia, ante las miradas temerosas del resto de los visitantes, para finalmente recostarse al mostrador y pedir un trago, es una imagen reveladora de que la violencia se presume, se regodea y se exhibe antes de desatar sus desmanes y tropelías.

El narcotráfico atrae porque sus figuras principales han hecho, junto a sus prácticas ilícitas, un ritual de poder, de vanidad, de placer, de insospechados caprichos y extravagantes antojos.

Parece que no nos hemos percatado que la violencia que vivimos hoy día está vinculada nuestra realidad cotidiana, a nuestro entorno inmediato, al imaginario sobre el cual se construye el perfil colectivo que nos define, ya no tanto desde la esquina o desde la acera del barrio, sino desde el colmadon, que precisamente con su música y su chercha se ha convertido en el centro primario de nuestra cultura.

La violencia barrial tiene su vitrina en el colmadon. Allí se gestan actitudes, se conforman comportamientos y estilos que presumen el poder y la fuerza. Allí está la ostentación que se celebra con algarabía estridente y libación de licores. El colmadon es una novedad que ha pasado a ser un espacio aceptado, socialmente legitimado donde los adultos modelan estilos y conductas para nuestros niños, niñas y adolescentes que no pueden sustraerse de su influencia.

El colmadon es un espacio de carcajadas y lujuria. Entre trago y trago, los temas preferidos son las hazañas de acciones violentas, la fantástica potencia sexual de los hombres, la calidad del macho que levanta féminas por donde quiera que pasa. Estas charlas discurren entre mujeres que se desinhiben, que contorsionan sus cuerpos al son de la música, vociferan y enseñan más de lo prudente para atraerse algunos de los hombres presentes.

En el colmadon, como ha sucedido con toda nuestra cultura, se han mezclado la vulgaridad y la elegancia, y en medio de este alboroto inexplicable se ha ido formando una nueva cultura, desde la que se promueven los anti valores que atentan contra el orden y la paz a la que todos debemos aspirar.

El colmadon desafía a nuestra intelectualidad a la búsqueda de patrones de conducta y comportamientos desde los que se puede definir mucho de lo que actualmente somos.

Mientras tanto, debemos comenzar a promover actividades más sanas y espacios más edificantes para la recreación de nuestros ciudadanos.

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