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05 septiembre, 2015

“Una nación un día” evaluación crítica


Por: TOMAS GOMEZ BUENO

Por la gran expectativa que creó y por los pobres resultados que se evidencian, el evento denominado “Una nación un día” amerita una evaluación crítica del liderazgo evangélico de la República Dominicana. La verdad es que este evento no llenó las expectativas que generó su gran despliegue publicitario.

La propuesta básica aseguraba que a partir de la celebración de esta actividad se producirían cambios extraordinarios en nuestra nación que impactarían favorablemente en la economía, la educación y la autoestima de la gente, al grado de generar un clima de convivencia colectiva y paz ciudadana que se iba a reflejar en una reducción sensible de la violencia, todo lo que marcaría el inicio de “una mejor República Dominicana”.

Lograr cambios capaces de mejorar la condición de vida de los dominicanos constituye una aspiración de todos los evangélicos de este país. Es algo que todos deseamos, aspiramos, oramos y proclamamos con fe. Son muchas las actividades evangelísticas y esfuerzos misioneros que se emprenden de manera sensata con el deseo de que estos cambios se hagan posible. Pero en relación a lo que fue el evento “Una nación un día” hay que tomar alguna distancia y hacer algunas precisiones pertinentes.

PUBLICIDAD PRETENCIOSA Y CONFUSA

La publicidad aseguraba que tendríamos una mejor República Dominicana, a partir del 25 de julio del 2015, día en que se celebrarían 20 concentraciones simultáneas en los 20 estadios más grande del país. De esa forma concluyó un esfuerzo misionero que por una semana, con más de dos mil quinientos visitantes extranjeros, desplegó diversas acciones puntuales de asistencia social en una gran parte de nuestra población más empobrecida, entre las que se cuentan operativos médicos, entrega de zapatos a niños y jóvenes, construcción y reparación de viviendas, proyectos para agua potable y otras acciones de carácter “sostenible”, encaminadas a hacer realidad el sueño dominicano. Estas informaciones ofrecidas por los organizadores están aun pendientes de ser documentadas con mayores evidencias y detalles, como lugares, números de personas impactadas y otros registros estadísticos.

Demás está decir que esta inversión y esfuerzo misionero al vapor no es comparable, ni siquiera de forma individual, con lo que han estado haciendo en este país, no un día, sino por largos años, organizaciónes como el Servicio Social de Iglesias Dominicanas, Visión Mundial, Habitad, Compassion, y otras instituciones con base de fe. De manera esporádicas vienen a nuestro país ministerios que hacen grandes inversiones y realizan trabajos de asistencia social muy significativos, sin hacer ningún despliegue publicitario.

El evento “Una nación un día”, con una notoria inversión publicitaria, estaba basado en una estrategia de marketing atractiva, aunque confusa y sin un contenido que orientara su enfoque, que tenía el propósito de involucrar a todos los sectores de la nación. Sin embargo, la aplicación de la estrategia misionológica vino a ser defectuosa, por lo que de la misma no se pueden esperar resultados muy auspiciosos.

Desde la publicidad se aseguraba una intervención misionera con “acciones sostenibles” que iban impactar favorablemente en varios de los indicadores de desarrollo de nuestro país como son la economía, la educación, la salud, la vivienda y la disminución de la violencia. Todo esto iba a suceder sin estudios, consultas, referencias o análisis desde los cuales regularmente se trabajan estos factores, aunque se afirmó que venía un equipo multidisciplinarios de expertos, entre ellos profesionales de mucho prestigio, a interactuar con pares locales. Esto si sucedió no fue dado a conocer.

Las acciones de asistencia social, cuando están bien integradas a procesos de transformación por medio del evangelio de Jesucristo, constituyen señales, gestos solidarios que expresan compromiso con la verdad y el bien, pero la publicidad de “Una nación un día” las presentó como soluciones automáticas, definitivas y sostenibles a los problemas principales de nuestro país.

Cuando Judas quizo convertir el gesto de amor y agradecimiento de la Magdalena en una falsa solución, demagógica y utilitarista, el Señor le señaló que los pobres lo tendríamos siempre. La clave del problema no estaba en la escasez evidente de bienes, más bien, la respuesta del Señor tiene que ver con el estado de injusticia, con la actitud de los hombres, con el egoísmo y el mantenimiento de sistemas y estructuras que sostienen y promueven la injusticia y que aseguran el bienestar de unos pocos en perjuicio de la mayoría. El Señor estaba enfocado en un problema que está más allá de la asistencia coyuntural, de lo simplista y demagógico, que con frecuencia tiende a convertirse en espectáculo.Toda estrategia misionera que quiera ser fiel al evangelio de Jesucristo tiene que apuntar a la transformación humana por medio de la fe y el arrepentimiento. Esto implica la confesión de pecado y el compromiso de ser discípulo del Maestro, que sigue con la integración a una comunidad cristiana fiel a las Escrituras.

La estrategia de “Una nación un día” estuvo basada en un evento similar que se realizó en Honduras que, según los organizadores, produjo cambios significativos en ese país; sin embargo, aquí parece que esta estrategia tuvo notarias dificultades para ser aplicada con el mismo éxito. Según escuché del señor Rigoberto Galvez, coordinador internacional del evento, lavarle los pies y entregarle un par de zapatos a miles de niños hondureños sirvió para elevar la autoestima, no solo de los niños sino de muchas de las comunidades donde se realizó este gesto, y sumado al conjunto de acciones, a toda la nación de Honduras.

Sin embargo, parece que nadie les dijo, y creo que los organizadores tampoco lo preguntaron, que la pobreza dominicana es una realidad más compleja. Usted va a ponerle un par de tenis a uno de nuestros niños o adolescentes, y no se extrañe si él le dice que ya no usa esa marca. No quiero decir que estos niños no tengan necesidades, pero es importante saber cuáles son esas necesidades y cuáles respuestas tienen la potencial capacidad para producir cambios. En este país, dando zapatos no se cambia nada ni a nadie.

FALTÓ PROTOCOLO DE INTEGRACIÓN EFECTIVA

En lo que tiene que ver con la educación se habló de que vendría un equipo de expertos en el tema. La Universidad Nacional Evangélica (la universidad de los evangélicos), entidad líder en la carrera de educación inicial y básica en el país, no fue contactada ni mucho menos consultada para trabajar sobre educación junto al equipo de expertos en esa materia que se dijo vendría al país. Las Naciones Unidas consideran clave la educación inicial y básica para que los países pobres alcancen el necesario nivel de desarrollo que requieren y así mejorar su situación.

Pero lo más grave de la estrategia de este evento es que no fue articulada para trabajar con las iglesias y las organizaciones que las representan. El Consejo Dominicano de Unidad Evangélica (CODUE), la organización evangélica más representativa e influyente, no formó parte de la coordinación de este evento. La participación del Consejo Nacional de Confraternidades de Pastores Evangélicos (CONACOPE), la organización evangélica de más amplia base socio-eclesial en el país, no fue solicitada de manera formal. La estrategia no contó con un protocolo para integrar los principales concilios y organizaciones evangélicas del país. La movilización de la iglesia se dejó suelta y la convocatoria al evento principal en la ciudad de Santo Domingo se confío al manejo del Marketing y a algunos contactos selectivos.

Los organizadores parece que entendieron que a un evento tan pretencioso todos se sumarían por cuenta propia y hasta competirían por participar. Sin embargo, para disimular esos vacíos que dan la impresión de fracaso y que dificultan las tomas de videos para promociones posteriores, en la última semana se realizaron algunos aprestos típicos del accionar clientelista local que todos conocemos, y que son muy usuales cuando se quiere mover multitudes a lugares con gran capacidad de personas, como lo es el Estadio Olímpico Félix Sánchez.

En lo que tiene que ver con la iglesia viva hubo falta de sentido de unidad e integración. Esta falla fue notable y le resto espiritualidad y brillo, por lo menos, al evento que fue celebrado en Santo Domingo. Incluso, debemos decir que toda intervención misionera bien orientada siempre parte de lo que Dios está haciendo con su iglesia en el lugar donde se propone operar. Si no se cuenta con lo que Dios está haciendo a través de la iglesia, el trabajo misionero está proclive al fracaso, no importa la cantidad de dinero y de recursos que se tenga.

AUSENCIA DE VOZ PROFÉTICA

“Una nación un día” coincidió con la presencia en el país de la funcionaria del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Flora Montealegre, quien alertó sobre el desequilibrio que presenta República Dominicana en su crecimiento económico anual, frente a los limitados avances de sus indicadores sociales. Al intervenir en la presentación del “Diagnóstico Preliminar del Sistema Nacional de Innovación y Competitividad en la República Dominicana”, Montealegre señaló que el país es uno de los más dinámicos y estables de la región latinoamericana, con una tasa de crecimiento anual promedio de 5,3 por ciento, muy superior al promedio latinoamericano”. Sin embargo, este mismo diagnóstico da cuenta del pronunciado desnivel económico que afecta a millones de dominicanos como resultado de la pésima distribución de la riqueza que genera ese crecimiento. Es ahí donde está el pecado estructural de la República Dominicana, y uno de los puntos más importantes por el que deben comenzar estos cambios, que no se generan con una charla de una hora a un pequeño grupo de medianos empresarios y de aislados de burócratas de limitada influencia. No.

En nuestro país hay instituciones e iglesias cristianas, hay un liderazgo evangélico capaz de profundizar la reflexión y las acciones necesarias para impulsar un estado de mayor igualdad y de participación social mas equilibrada y equitativa. Se trata de empoderarnos de nuestra responsabilidad como evangélicos e iniciar así la recuperación de nuestra identidad y nuestra autoestima, a los fines de encaminarnos por los reales senderos de paz, armonía y progreso que demanda nuestra nación.

Para esto hay que hacer una reflexión seria y profética a partir de la Palabra de Dios y la misión de la Iglesia y con el respaldo de una comunidad evangélica unida en propósito, iniciar un trabajo de incidencia pública que impacte en todos los sectores para que se puedan producir los verdaderos cambios que necesitamos para tener una mejor República Dominicana.

APROVECHEMOS LA LECCIÓN

No quiero restarle méritos a los esfuerzos de los líderes nuestros que trabajaron en el evento “Una nación un día”. Ojala que muchas de las cosas que se proclamaron se den, sucedan; pero en buen enfoque de la misión hay que decir que la estrategia fue equivocada, por lo que este evento no constituye ni el paradigma ni el punto de partida para generar los cambios que la iglesia y nuestro país necesitan.

“Una nación un día” fue un evento pretencioso en su publicidad, movió recursos, se vendió como influyente, autosuficiente y poderoso, pero debe ser evaluado para aprender de una estrategia misionera fallida y defectuosa, que nos dejó la casa un poco en desorden y de manera responsable y cristiana debemos aprender la lección y comenzarla a reparar.“Una nación un día” no es un modelo de misión replicable. Podría ser un movimiento sano y bien intencionado, pero tiene que verificar sus fundamentos y redefinir su estrategia misionera, ya que más que promover una propuesta de transformación y cambio a través de un proceso alineado con la Palabra de Dios, lo que hace es que se vende a sí mismo. No nos crucemos de brazos a esperar los cambios que este evento tan difuso y pobremente articulado nos vino a traer.

La negativa a recolectar ofrenda fue una muestra de autosuficiencia. Las ofrendas son una parte importante de todo culto al Señor, ya que el dar es muestra de gratitud y adoración a nuestro Dios. Se alegó para esto que la actividad estaba dirigida a los amigos, pero resulta que tampoco se hizo un llamado al arrepentimiento. Los líderes tenemos que analizar el evento “Una nación un día”, simplemente porque nos ha dicho que tenemos que construir una mejor República Dominicana, y nos ha recordado que tenemos una tarea pendiente, que como yo escribiera en la edición 37 del periódico Evidencias en Febrero del 2011: “Los evangélicos de la República Dominicana tenemos que hacer algo grande” (titular del artículo), y a continuación expresé: “Los evangélicos de la República Dominicana necesitamos en este tiempo darle a nuestro país una gran demostración de unidad y sentido de misión. Nos hace falta un gran evento. No estoy hablando de una simple concentración o de una campaña evangelística más. Estoy hablando de una manifestación contundente que hable de nuestra identidad esencial y que testifique con firmeza de nuestra misión como agente de transformación y promoción del Reino de Dios en este país”.

Después de referirme a eventos como la memorable campaña de David García y Jaime Cardona en 1954, celebrada en el pley de la Normal; la campaña de Evangelismo a Fondo, un esfuerzo evangelístico que sirvió de bálsamo al ánimo de beligerancia y odio que dejó la guerra fratricida de abril del 1965; a la campaña “Ya la encontré”, coordinada por el reverendo Braulio Portes, en tiempo de apogeo de la Cruzada Estudiantil y Profesional para Cristo; al Congreso Nacional de Pastores (CONPAS), celebrado en varias versiones a partir del 1990, y a otros eventos que nos han ayudado a ponderar la presencia y la intervención de Dios en la realidad histórica de nuestra nación, reiteré en ese artículo que nos hace falta una gran evento que nos integre, nos acerque y nos ayude a responder a las necesidades de nuestro país.

Los esfuerzos misioneros colonialistas que vienen a nuestros países a presentarnos su “Evangelio”, olvidando que aquí hay una iglesia en acción que tiene su historia, es una etapa superada. Vamos a agradecerle a los organizadores de “Una nación un día” su esfuerzo, pero vamos a aprovechar sus inocultables fallas para seguir adelante y avanzar todos juntos en trazos más certeros y mejor orientados, con la iglesia sometida a la obediencia misionera y proclamando el Señorío de Cristo, hacia la construcción de una mejor República Dominicana. Esa patria nueva está aún por llegar, pero !ánimo! Hay una iglesia del Señor que la está construyendo.

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